Solicitudes y clasificación
Recoger consultas, comprobar que estén completas y proponer una categoría o un responsable. Las situaciones ambiguas pasan a revisión.
Menos tareas repetitivas. Un recorrido claro para cada dato. Diseñamos flujos que conectan herramientas y dejan las decisiones importantes en manos de tu equipo.
Los mejores candidatos suelen tener entradas reconocibles, tareas repetidas y un resultado que se puede comprobar.
Recoger consultas, comprobar que estén completas y proponer una categoría o un responsable. Las situaciones ambiguas pasan a revisión.
Extraer datos, preparar borradores y comprobar campos necesarios. Un responsable revisa las condiciones antes de aprobar o enviar.
Actualizar información entre herramientas, detectar cambios y avisar a quien corresponda, con reglas para evitar duplicados.
Marcas de sus respectivos propietarios. La mención es ilustrativa y no implica ninguna colaboración.
Definimos de dónde llegan los datos, qué campos son obligatorios y qué debe pasar en cada caso. Los accesos se limitan a lo necesario.
Acordamos qué decisiones requieren aprobación. Si faltan datos, falla una conexión o aparece un caso no previsto, el flujo se detiene o avisa según las reglas definidas.
Determinamos qué acciones se registran, cómo se detectan errores y quién revisa las incidencias. Así se puede reconstruir el recorrido y corregirlo.
Si la decisión depende de un campo, una fecha o una condición clara, las reglas suelen ser más sencillas de comprobar. No hace falta IA para enviar un aviso cuando una solicitud está incompleta.
Puede ser útil para proponer una clasificación o extraer información de textos variables. Sus resultados pueden ser incorrectos: definimos validaciones, límites y revisión humana según el riesgo.
Una petición de mantenimiento de 12 equipos. Sin precios, envíos ni conexiones reales.
«Necesitamos un presupuesto de mantenimiento para 12 equipos de nuestra oficina.»
Una solicitud pendiente de analizar. Todavía no se ha preparado ningún presupuesto.
No necesitas llegar con una solución técnica. Una descripción de cómo trabajáis hoy es un buen punto de partida.
Es el punto de partida. Revisamos si permiten conexiones, qué permisos requieren y cómo exportan los datos. Si existe una limitación, explicamos las alternativas y sus implicaciones antes de proponer cambios.
El diseño debe contemplar fallos y excepciones. Acordamos cuándo detener el flujo, cómo avisar y quién revisa la incidencia. También definimos cómo reintentar una acción sin duplicar registros ni enviar información incorrecta.
Depende del alcance, los sistemas implicados, la calidad de los datos, las excepciones y el nivel de supervisión. La propuesta debe separar el trabajo de implantación de posibles costes de herramientas, uso o seguimiento. Se concreta después de estudiar el proceso.
Todo empieza por entender cómo trabajas hoy. Cuéntanos dónde se atasca el proceso y qué te gustaría cambiar.